Benedicto XVI y la Evangelización de las Américas | Miguel Pena Roma

Benedicto XVI y la Evangelización de las Américas

Hoy seguimos con un poco de historia y también de actualidad, hace unos días leí un artículo que considero muy interesante de la gente de mentecritica.net, los cuales amablemente me otorgaron el permiso para traducirlo y publicarlo bajo los términos de la licencia de Creative Commons.
El artículo es un poco larguito, pero creo que vale la pena gastar unos minutos en leerlo, el punto está basado en las declaraciones de Ratzinger durante su último viaje a Brasil:

AmerindiasHe siempre sostenido que los crímenes del colonialismo debían ser diferenciados de las implicaciones religiosas, o más bien de los empujes idealistas que merecerían un juicio histórico más condescendiente, sea porque tuvieron la función de una mera justificación formal de procesos politico-económicos al servicio de especificos intereses materiales, sea porque se convirtieron también en auténticos impulsos misionarios animados por las mejores intenciones.

En fin, para un Francisco Pizarro que a la sombra de la cruz intentaba colorear de nobles ideales sus saqueos, existía siempre un Bartolomé de las Casas que predicaba auténticamente el Evangelio denunciando y condenando en su Brevísima Relación el tratamiento inhumano que reservaban los conquistadores a los indios.

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Pero ésto tiene valor sólo si nos limitamos a investigar en el campo de la verdadera práctica política; enfrentando el problema de la colonización bajo un perfil estrechamente cultural, el juicio cambiará substancialmente. Las preguntas que hay que hacerse en éste caso son banales, o sea, dónde habrá terminado la cultura de los vencidos, porqué y por quién fué decretada la extirpación.

Resolver éstas cuestiones llamando en causa simplemente la voluntad, de parte de las potencias coloniales, de uniformizar en base a precisos horientamientos (cristianizados y occidentalizados) el tejido social de las colonias para consolidar su estabilidad y gobernabilidad parecería a primera vista la respuesta indicada a lo enunciado anteriormente. Y seguramente es una solución que ejércita un fuerte atractivo en el momento que presenta la ventaja de considerar una vez más a la religión como un instrumento al servicio del Estado y rehén de sus políticas coloniales.

Sin embargo se trata de una explicación que si puede tener un sentido en la óptica del imperialismo del 800 y más especificamente en el proceso de construcción del Imperio Británico, identificando por ejemplo en la determinante influencia cultural impuesta por los ingleses en la India un buen modelo de referencia, al mismo tiempo éste último no concilia con la historia de América Latina y menos con el discurso que dió el pontífice.

A partir del descubrimiento de América asistimos en efecto a una primera fase colonial, dura casi ochenta años (1492-1573), ésta fase ve las relaciones entre España y Portugal de un lado, y las colonias del Centro y Sudamérica del otro lado, basadas sobre puras lógicas de explotación directa. El arco de tiempo que se toma in consideración está comprendido entre dos fechas convencionales y puramente indicativas: desde el descubrimiento de América a la promulgación de la Relación de Juan de Ovando.

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No sirve para nada gastar palabras sobre el viaje de Colombo (Colón), pero la reorganización del imperio colonial español promovida y conducida por el hábil consejero de Felipe II merece alguna señalación. Dicha reorganización no sólo coincidió con el racional agrupamiento de los varios dominios de las Indias en dos grandes Vireinados, el de la Nueva España (México) y el del Perú, además incidió profundamente también en el tejido social colonial: por la primera vez se reconocía, al menos en línea teórica, la igualdad de derechos entre españoles y los pueblos amerindios, desarrollando de ésta forma las bases para una integración de las dos comunidades que hasta ése momento habían estado netamente separadas.

Antes de tal acto, que fué prólogo de un proceso de amalgamación aunque gradual y difícil, ni la corona española, ni tanto menos la lusitana, mostraron nutrir intereses objetivos hacia el desarrollo de las comunidades coloniales y su gradual transformación y uniformación, fundamentalmente porque el tejido social colonial sobre el cual había que actuar no existía todavía. En ésa época el proceso era representado por grupos reducidos de colonizadores europeos, ligados por relaciones conflictivas o de absoluta predominación con las poblaciones amerindias y empeñados en la en la extracción (y envío hacia la madrepatria) de materias primas de un cierto territorio. El mismo desarrollo del Imperio Español tuvo también si queremos verlo así, demuestra un carácter episódico y extemporáneo, ligado preponderantemente a la inciativa de ciertos aventureros, o de pequeñas compañías formadas expresamente (ad hoc), a las cuales se les otorgaron privilegios reales; y no a específicos proyectos de expansión territorial o comercial elaborados directamente por la corona.

Como fué evidenciado por Carlo Cipolla , si de tales bienes no hubieran sido identificadas fuentes durables de abastecimiento (como en el caso de el Cerro del Potosí), la aventura colonial y económica de España en América Latina se habría terminado en los primeros veinte años de saqueos y exterminios indiscriminados en daño a las poblaciones locales. Al contrario, precisamente la posibilidad de alargar por un largo período ésas dinámicas de explotación permitió poblar gradualmente los primeros asentamientos en virtud de las seductoras oportunidades de enriquecimiento ofrecidas por el Nuevo Mundo: lo cual hizo realidad a continuación el desarrollo de los primeros intercambios económicos de amplio respiro, basados también en una limitada pero significativa comercialización de productos ibéricos hacia los territorios de las colonias americanas.

En general, a la importación en patria de metales preciosos y madera correspondía la exportación hacia las Indias, y a precios altamente mayorados, de todo lo que se ocupara para la sobrevivencia de los centros coloniales: los cuales estaban marcados por una expansión demográfica que no correspondía a una autosuficiencia comparada con la madrepatria, a su vez, interesada a mantener a sus propias colonias en un estado de dependencia por motivos tanto políticos como de puro cálculo económico. Además, esos intercambios trasatlánticos, aunque limitados sólo a la Corona de Castilla, asumieron proporciones importantes sólamente a finales del siglo XVI; asi que sólo en éste período asistimos a la formación concomitante de las primeras sociedades coloniales propiamente dichas, en lugar de los precedentes polos de explotación caracterizados por una composición étnica “monocromática” y de reducidas dimensiones.

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A éste punto es oportuno evidenciar que la violenta extirpación de las culturas originales amerindias se sitúa dentro de los primeros veinte años de la colonización del Nuevo Mundo: resultando por lo tanto muy precedente a la necesidad, manifestandose sólo sucesivamente, al ejercitar una estrecha forma de tutela sobre las comunidades coloniales que iban naciendo, incentivando una transformación cultural en clave homologante. De éso se puede definir que el proceso de destrucción física de las poblaciones originales precolombinas deba ser adjudicada a los conquistadores; mientras el proceso de extirpación cultural no se adjudica a políticas específicas implementadas por los imperios coloniales ibéricos, más bien a la Iglesia Católica en el cuadro de su violenta obra de evangelización.

Los motivos de una símil acción, no pudiendo ser justificados a la luz de una razón de Estado cuanto menos comprensible si no imposible de compartir, no se prestan a ser fácilmente encuadrados o clasificados. Pero la principal raíz de la profunda adversión que nutrían las autoridades eclesiásticas hacia las culturas precolombinas podrá ser sin lugar a dudas identificada en el convencimiento de la absoluta superioridad de la Revelación cristiana y de su consiguiente inevitabilidad, sancida por la misma Providencia, por la propagación de su mensaje de salvación: razón por la cual los carácteres peculiares propios de las culturas precolombinas fueron percibidos y contrastados comparándolos con manifestaciones del Maligno para contrastar la obra de evangelización de la cual la Iglesia se “sentía” encargada. Un malentendido del cual sus orígenes y su amplitud podrán resultar evidentes a la luz de prácticas rituales que todavía hoy se usan en numerosas civilizaciones precolombinas.

¿Que cosa ha significado la aceptación de la fé cristiana para los Países de la América Latina y del Caribe? Para ellos ha significado conocer y acoger a Cristo, el Dios desconocido que sus antepasados, sin saberlo, buscaban en sus ricas tradiciones religiosas. Cristo era el Salvador a quien anhelaban silenciosamente. Ha significado también haber recibido, con las aguas del Bautismo, la vida divina que los ha hecho hijos de Dios por adopción; haber recibido, además, el Espíritu Santo que ha venido a fecundar sus culturas, purificándolas y desarrollando gérmenes y semillas que el Verbo encarnado había puesto en ellas, horientándolos en éste modo hacia los caminos del Evangelio. En efecto, la anunciación de Jesús y de su Evangelio no comportó, in ningún momento la enajenación de las culturas precolombinas, ni fué una imposición de una cultura extranjera. Las auténticas culturas no están cerradas en si mismas ni petrificadas en un determinado momento de la historia, más bien son abiertas, más aún, buscan el encuentro con otras culturas, esperan alcanzar la universalidad en el encuentro y en el diálogo con otras formas de vida y con elementos que pueden llevar a una nueva síntesis en la cual se respete siempre la diferencia de las expresiones y de su concreta realización cultural.

Éstas son las palabras de Benedicto XVI que se prestan a una histórica refutación integral, desde el momento en que la ajenación de las culturas precolombinas no sólamente existió, pero en los primeros decenios del Quinientos asumió carácteres de extrema drasticidad hasta llegar a una auténtica y feroz persecución. En fin, algo mucho más distinto de la presunta y progresiva evolución, que según las palabras del pontifice, los pueblos precolombinos habrían enfrentado en consecuencia a una relación de paridad con la cultura cristiana protagonista de un enriquecimiento recíproco.

En el 1547, apenas treinta años después de la llegada de Hernán Cortés a México, Fray Bernardino de Sahagun se dedicó a concluir la redacción de su Historia general de las cosas de la Nueva España: se trataba de la primera síntesis, redactada por un europeo, dedicada a la historia de México y de sus gentes. Una obra con estilo atípicamente moderno, casi antropológico, y hasta el día de hoy nuestra fuente principal de informaciones en lo que concierne a la historia de los pueblos Mexica antes de la Conquista, y comprendía una minucioso tratado de sus usos y costumbres. Si bien Sahagun se lamentó de haber sido forzado a fiarse sólamente de testimonios orales, algunos de los cuales no atendibles integralmente: y ésto porque en el arco de sólo treinta años casi la totalidad de los libros producidos por la civilización Azteca, prescindiendo de su contenido, habían sido destruidos. La gran parte del mérito se atribuye a Juan de Zumárraga, primer obispo de México. Lo que sigue es lo que escribe un religioso, fray Servando Teresa de Mier, sobre Zumárraga, contemporáneo suyo y en su obra pastoral.

El primer obispo de México estaba convencido de que los manuscritos de los indios contenieran textos mágicos y brujerías diabólicas; por lo tanto consideró que era un preciso deber religioso exterminarlos, entregando a las llamas todas las bibliotecas aztecas, entre las cuales destacaba la de Texcoco, la Atenas local, que era como una montaña cuando fué incendiada por órdenes de Zumárraga.

Hasta el día de hoy sólo existen trece códigos principales mesoamericanos; y de éstos, dos resultan de fecha incierta, no pudiendo rastrear con seguridad si su compilación fué antecedente o posterior a la expedición de Cortés. El daño, en términos historiográficos, es incalculable y aflige en modo significativo nuestro conocimiento sobre las civilizaciones precolombinas. Sobretodo y considerando como principales que los testimonos de los cuales disponemos de los vencidos sean posteriores de diez o veinte años a la conquista española, y por lo tanto relacionados con un reprocesamiento y reinterpretación de la historia pasada: para darse cuenta efectivamente de todas las limitaciones de fuentes similares bastaría fijarse en la anécdota que llevó a la duda al soberano Moctezuma en el identificar al mismo Cortés como el mítico Quetzalcóatl.

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En éste caso nos enfrentamos una vez más con la enésima deformación histórica, a la cual presumiblemente recurrieron los mismos cronistas indios en el período post-Cortés, sea para justificar a la luz del destino divino la extraña muerte del Imperio Azteca. Un conjunto afectado por evidentes debilidades estructurales, había sido de todas formas desmembrado en pocos meses por apenas seiscientos hombres. Muerto Zumárraga en el 1548 le sucedió el obispo Diego de Landa, infatigable seguidor de la obra del primero. Landa se dedicó a la destrucción del patrimonio cultural Maya. Un reciente estudio, Historia Universal de la destrucción de libros, de Fernando Báez (Viella, 2007), nos reporta que en Julio del 1562 Landa hizo quemar 5,000 ídolos y 27 antiguos códigos maya, reportado por deber de crónica el hecho en sus propias memorias, en las cuales el obispo justifica la acción.

Ésta gente usaba ciertos carácteres o letras con las cuales escribían en sus libros argumentos antiguos o científicos, y con éstos dibujos y signos aprendían y enseñaban sus cosas. Encontramos un grande número de libros escritos en su alfabeto, y como no contenían otras cosas que supersticiones y falsedades del demonio, los quemamos todos, lo cual les impresionó y adoloró mucho.

La obra de destrucción que desarrolló Diego de Landa, usando también el recurso de la tortura de los indígenas recalcitrantes, obtuvo efectivamente resultados exitosos para los objetivos de la evangelización de las poblaciones precolombinas. Hoy han sobrevivido intactos sólo tres códigos Maya: un tratado de astronomía, uno de videncia, y un compendio litúrgico (Códigos Dresda, Tro-Cortesiano, Peresiano). Las actuales poblaciones descendientes de la civilización maya post-clásica, entre cuatro y cinco millones de personas pertenecientes a diferentes tribus y desparramados entre México (Chiapas), Guatemala y Honduras, han perdido la capacidad de leer su antigua escritura ideogramática.

En el 1821 Heinrich Heinse escribió, teniendo en cuenta los ejemplos ofrecidos por el pasado, que donde se queman libros se acaba por quemar hasta a los hombres. Como la historia ha ampliamente demostrado el paso es breve, y aunque a riesgo de ser acusado de cinismo, sostengo que lo primero constituye un crimen mucho más grave. La muerte de miles de hombres no puede llevar de todas formas a la destrucción de una cultura, ya que la anulación del individuo no perjudica la existencia de las ideas, que conllevan fuerza, dignidad y legitimidad de la persecución: se trata de la demostración de una máxima napoleónica, la cual afirma que no se puede cañonear una idea.

Pero la destrucción de los libros, o más bien de los instrumentos elegidos para la transmisión del saber, implica la voluntad de cancelar la propia identidad de un pueblo y por lo tanto de sus capacidades de sobrevivencia. En una definitiva violenta enajenación de las antiguas culturas mesoamericanas, de las cuales me he permitido reportar algunos ejemplos significativos, queda una realidad histórica irreversible y reconducible a responsabilidades precisas, por parte de la Iglesia, acerca de la adopción de métodos de evangelización que podriamos eufemísticamente definir modulados en una religiosidad radical y militante. Y que están con toda la evidencia lejos de ése moderno modelo de diálogo inter-étnico e inter-religioso que Benedicto XVI quisiera atribuir al pasado según sus intenciones cuanto menos revisionistas.

Y aqui se acabó el artículo, ahora pongo algo de lo mio, no entiendo porqué Ratzinger continua a “disparar” tonterias en el año 2007 que podrían haber funcionado en el siglo XV, hoy la gente está informada, como ya comenté en otro artículo de éste blog, parece que éste Papa no tiene soporte o que sus consultores simplemente lo dejan al libre albedrío, en un momento donde el “corporativo Vaticano” está marcado por crímenes ocultos, pedofilia, fraudes, participación en acciones de política mundial sin objetivos “estrechamente” cristianos, ya tenemos al hombre más poderoso del mundo que está fuera de control, sólo faltaba que el “patriarca” de la Iglesia Católica entrara en el “show business”.

Agradeceré muchisimo vuestros comentarios, ayudarán a entender muchas cosas.

[Enlace al artículo original]




8 comentarios para 'Benedicto XVI y la Evangelización de las Américas'

  1. MenteCritica · Nuovi Orizzonti

    […] invito a dare un’occhiata all’articolo tradotto che, pur mantenendo immutata la veste grafica originaria, scritto in spagnolo ha un fascino […]

  2. Mentecritica

    Caro Miguel,
    la prego di tradurre per i suoi lettori i saluti e l’abbraccio della redazione e dei lettori di MenteCritica.
    Dall’Italia al Messico e alla Spagna un abbraccio per popoli e nazioni con una così grande e nobile storia.
    Con auguri di pace e prosperità

  3. Miguel

    Como solicitado de la redacción de MenteCritica traduzco el comentario anterior:
    Estimado Miguel,
    te pedimos que traduzcas para tus lectores los saludos y el abrazo de la redacción de los lectores de MenteCritica.
    Desde Italia a México y a España un abrazo para los pueblos y naciones que poseen tan grande y noble historia.
    Con deseos de paz y properidad.

    Yo desde aqui agradezco la amabilidad y la amistad ofrecida por MenteCritica y renuevo a mi vez mis mejores deseos para su blog que merece todos mis respetos por la alta calidad del contenido y del mensaje.

    Ahora me toca traducir en italiano :P

    Io da qui ringrazio la cortesia e l’amicizia offerta da MenteCritica y rinnovo i miei migliori auguri per il suo blog che merita tutti i miei rispetti per la alta qualita’ dei sui contenuti e dil suo messaggio.

  4. Silent Enigma

    Gentile Miguel, le parole di stima che ha nei nostri confronti sono una spinta non indifferente per proseguire il nostro cammino.
    Grazie

    Traducción:

    Gentil Miguel, las palabras de estima que tienes hacia nosotros son un empujón no indiferente para proseguir nuestro camino.
    Gracias

  5. Miguel

    Grazie mille Silent ;)

  6. luis

    Sabia que el Papa que sucediera a Juan Pablo II tendría la difícil labor de trabajar a su sombra. Pero este Ratzinger la verdad esta peor de lo que imagine. Ojala, como dices tú, se dejara asesorar mejor.

    Vaya trabajal que te costarïa la traducción.

    Saludos.

  7. Miguel

    Gracias Luis, efectivamente la traducción no estuvo “delicada”, pero creo que valió la pena, es información que mucha gente no conoce o no “percibe”, pero es la realidad histórica, en cuanto a Ratzinger, pues por el momento lo que demuestra es un enorme “lack” de diplomacia internacional, y si hace lo mismo con los negocios de “casa” lo veo bastante mal.

    Un abrazo

  8. 12 de Octubre 1492 | Miguel Pena Roma

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