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Concentrado de carne casero

Es difícil encontrar a alguien hoy en día que no use las pastillas de concentrado de caldo en sus recetas, es una manera fácil de añadir sabor a nuestros platos, pero es aconsejable preparar concentrado de carne casero para no consumir alimentos procesados industrialmente.

Concentrado de carne casero
Concentrado de carne casero

Generalmente esas pastillas de concentrado de caldo contienen Glutamato Monosódico, un potenciador de sabor que fue aislado a partir de una alga llamada kombu, en el 1908 por el profesor Kikunae Ikeda, el cual definió su sabor como “umami”. El uso de ésta substancia se sigue discutiendo desde hace años en el ambiente científico debido a que algunos dicen que es nocivo y otros no.

Siguiendo las últimas tendencias que indican el acercamiento a una comida más saludable es preferible consumir el menor sodio posible, es aconsejable sustituir la sal normal por sal de mar que contiene menos sodio, y entonces es una buena opción producir nuestro concentrado de carne en casa y comer sanamente. Así también seguimos otra tendencia del 2012, el “hágalo usted mismo” (DIY) para una cocina sustentable.

Aquí va una receta para preparar el concentrado de carne casero a partir de materias primas naturales y no procesadas industrialmente.

Ingredientes:

400 gramos de carne de buey
400 gramos de huesos de buey (con tuétano)
400 gramos de sal marino
3 zanahorias
3 cebollas
3 tomates maduros
2 ramas de apio
3 cucharadas de perejil picado

Preparación:

Lavar y pelar las verduras, cortarlas en pedazos y colocarlas en una olla grande llena de agua fría, añadir la carne y los huesos, la sal, el perejil y hervir durante 1 hora y media a fuego lento, añadir agua tibia si es necesario. De vez en cuando hay que retirar la espuma que se forma en la superficie, cuando ya no se forme espuma añadir una piel de cebolla que servirá a dar más color al caldo.

Una vez terminada la cocción colar todo, guardar el caldo, quitar los huesos, y pasar por el robot de cocina hasta obtener una textura parecida a la comida homogeneizada de los bebés.

Ahora vamos a colocar la carne y verduras trituradas en una cazuela y añadimos el caldo, cocinamos hasta reducir, sin que quede demasiado sólido.

Ahora viene la parte de la conservación, si guardamos el concentrado de caldo en una recipiente hermético como los que se usan para las conservas de frutas podemos tenerlo en el refrigerador durante unos 3 meses. Otra manera es la de congelar el concentrado poniéndolo en una bandeja de cubitos, pero depende de lo salado que está, ya que si está muy salado no será posible congelarlo, de todas formas se puede siempre hacer una prueba.

Las dosis para su empleo son de una cucharada sopera si está conservado en el refrigerador o dos cubitos congelados son el equivalente a una pastilla de las que compramos.

Lubina al horno con verduras

La Lubina al horno con verduras es una receta muy sana y apetitosa. Al ser pescado blanco, la lubina es rica en proteínas, vitaminas del grupo B y minerales, tales como fósforo, calcio, hierro, yodo y cobre. Durante mi estancia en Porto Cervo (Isla de Cerdeña, Italia) la cocinabamos y acompañábamos con el fantástico vino Vermentino di Gallura y era algo excepcional.

Lubina al horno con verduras
Para 4 personas procurar 800 gramos de filetes de lubina, lavarlos y secarlos. Recordad siempre que más fresco es el pescado, mejor es el resultado.

Cortar en juliana dos pimientos rojos y ponerlos en una sartén con una nuez de mantequilla y dos cucharadas de aceite de oliva, añadir una cebolla cortada en medias lunas y dos dientes de ajo picados finamente, cuando las verduras se empiezan a pochar añadir dos calabacines cortados en juliana, rehogar durante 5 minutos y guardar.

Preparar un aceite de perejil mezclando en una licuadora 50 ml. de aceite de oliva y tres cucharadas de perejil, una pizca de sal y un poco de pimienta negra molida al momento.

Untar una placa de horno con aceite de oliva, extender una capa de verduras y colocar encima los filetes de lubina previamente salpimentados, cubrir con otra capa de verduras.

Cocinar en horno precalentado a 180 grados durante 10 minutos, añadir un vaso de vino blanco seco y cocinar otros 10 minutos.

Servir los filetes con las verduras rociando un hilo de aceite de perejil sobre el pescado.

Podemos acompañar nuestros filetes de lubina al horno con unas patatas hervidas aliñadas con ajo y perejil, y preparadas con anterioridad para que se marinen.

Soldaditos de Pavía

Los Soldaditos de Pavía han salido de mi libro secreto, su origen se disputa entre Madrid y Cádiz, yo no quiero discutir pero para mí la receta es andaluza, aunque si puedo afirmar que forma parte de las tapas servidas en las tascas de Madrid.


Conseguimos 500 gramos de lomo de bacalao, se cortan trozos delgados (sin espinas) de unos 5 centímetros de largo por dos de ancho, es mejor si el bacalao está desalado, si no, se ponen los trozos en remojo 12/24 horas y se le cambia el agua dos o tres veces durante ese tiempo.

Cuando el bacalao está listo lo secamos bien con un paño, se colocan en una placa con un adobo que consta de tres cucharadas de aceite de oliva, zumo de un limón, una cucharadita de pimentón dulce, y una cucharadita de pimienta negra molida al instante. Dejamos marinar por 30 minutos para que el bacalao se sature con el aliño.

En un bol colocamos 100 gramos de harina de trigo, formamos un volcán y en el agujero central echamos una cucharada de aceite de oliva, una pizca de azafrán, media copa de aguardiente seco, en su defecto podemos utilizar vodka, y cinco gramos de levadura, mezclamos hasta obtener una masa de textura suave, casi líquida, eventualmente añadimos agua tibia para conseguir la textura deseada, que debe ser un poco más densa que la textura de las natillas.
Se deja reposar una hora en un lugar templado hasta que fermente la masa.

Ahora se pasan las tiras de bacalao por la pasta procurando que queden bien cubiertas y se fríen en abundante aceite de oliva hirviendo. Sacamos cuando están bien doradas y crujientes.

Los Soldaditos de Pavía se sirven con una tira de pimiento morrón asado, éste adorno se debe según una teoría al uniforme de los soldados de Carlos V que derrotaron a los franceses de Francisco I en la Batalla de Pavía en el 1525.

Este plato se sirve como tapa o aperitivo y también para acompañar platos de verduras.

Lasaña a la Boloñesa

La Lasaña a la Boloñesa (Lasagna alla Bolognese en italiano) forman junto a la pizza forman un símbolo de la cocina italiana en el mundo. La palabra “lasaña” proviene del griego “lasanon“, a través del latín “lasanum“, que se refiere al cazo en el que se cocinaba. La palabra singular en italiano es lasagna y en plural lasagne se aplica indistintamente al plato o a la pasta en forma de láminas.


He publicado otras recetas de lasagna pero nunca os he dedicado la original típica de la gastronomía de la región de Emilia Romagna en Italia, cuya capital es la ciudad de Bologna.

Este exquisito plato ya era conocido en la antigua Roma, uno de sus amantes era Cicerón el cual mencionó su pasión por el “Lagum”, que eran tiras de pasta largas.

Vamos a preparar el “ragú” para rellenar las lasañas, nos procurarnos 500 gramos de carne de buey molida, y 500 gramos de carne de cerdo, ésta también molida, ahora prepararemos el sofrito, para la ésta preparación normalmente trituro las verduras en modo de que se amalgamen luego con la carne y no se noten los pedazos, entonces cortaremos a pedazos dos costillas de apio, una cebolla morada grande, tres zanahorias medianas y tres dientes de ajo, pasamos todo por el robot de cocina y vamos a sofreír todo en una cazuela grande (para que pueda contener el resto de la carne) con una nuez de mantequilla y dos cucharadas de aceite de oliva, vamos mezclando y cocinamos hasta que las verduras estén cristalizadas, teniendo cuidado de no quemarlas.

Ahora añadimos la carne, mezclamos continuamente para que tome color en su totalidad, si es necesario añadimos un poco más de aceite de oliva, una vez la carne está lista añadimos dos vasos de vino blanco de cocina, mezclamos y dejamos evaporar el vino, añadimos un litro de puré de tomate o una lata de tomates de tipo “pelati” (ver foto) pasados por la licuadora, salamos, añadimos unos granos de pimienta negra, y 250 ml de caldo de carne, o si preferís un dado de concentrado de caldo de carne disuelta en un vaso de agua caliente, mezclamos y dejamos cocinar unas dos horas, mezclando de vez en cuando y controlando que no se pegue, eventualmente añadiremos más caldo o puré de tomate.

Mientras se cocina el “ragú” prepararemos una Salsa Bechamel más bien líquida siguiendo las instrucciones que encontráis en éste enlace.

Ahora vamos a hervir las lasañas en agua salada con sal marino y unas gotas de aceite para que no se peguen. Muchos cocineros usan lasañas “al huevo” que están preparadas para poner directamente al horno, otros preparan las lasañas en casa (ver la receta de “Pasta al huevo“), dejo esto  a vuestra elección.

Cuando tenemos todo listo vamos a ensamblar nuestras lasañas, primero precalentamos el horno a 160 grados, disolvemos mantequilla en el fondo de una placa de horno y colocaremos una capa de ragú, luego cubrimos con una capa de lasañas, luego una capa de bechamel, una capa de ragú, una rociada de queso parmesano rallado y cubrimos con otra capa de lasañas, continuamos con éste procedimiento hasta acabar con los ingredientes, terminando con una capa de bechamel, una de ragú y una abundante rociada de queso parmesano rallado, añadiremos unos pedazos de mantequilla distribuidos encima para que una vez en el horno nos ayude a gratinar la parte superior dándole ése típico color.

Ahora colocaremos la placa en el horno y cocinad durante 30 minutos, si usáis lasañas al huevo el tiempo será de 50-60 minutos.
Una vez completada la cocción sacadlas del horno, dejad reposar unos 10 minutos y ya están listas para servir.

Bagna Cauda

Vamos a preparar una “Bagna Cauda“, salsa típica de la zona del Piemonte en Italia, su nombre deriva del dialecto piemontés en el cual “bagna” significa salsa y “cauda” quiere decir caliente.

Vamos a picar en un mortero unos 100 gramos de ajos (se puede calcular una cabeza de ajo por comensal), una vez están bien picados añadimos 200 gramos de anchoas y las picamos hasta que quede una pulpa. Ahora en una cazuela de barro si es posible,  calentaremos medio litro de aceite de oliva extra virgen, antes de que empiece a hervir añadimos los ajos y las anchoas que hemos picado, revolvemos suavemente y dejamos cocinar sin freir por unos 20 minutos, mezclando de vez en cuando.

Una vez terminada la cocción, disponemos la cazuela de barro sobre un hornillo de alcohol de ésos que se usan para las “fondues” en modo de que la salsa quede caliente.

Vamos a servir verduras crudas a nuestro gusto, antiguamente cuando la receta fué inventada se usaban cardos, pero podemos preparar bastoncitos de zanahoria, apio, rábanos, cebollines, y lo que más nos apetezca, también se puede acompañar con unas hogazas de pan rústico.

Ahora cada comensal va introduciendo las verduras deseadas en la salsa y acompañandose con la rebanada de pan llevarlas al plato.

Filete de cerdo en cama de zanahorias

Ésta receta es super buena, rica, me encanta y es una creación más de un servilleta. :P

Necesitamos un buen filete de cerdo, lo cortamos a lonchas de unos tres centímetros y las enrollamos con panceta ahumada cerrando con un palillo, vamos a aplastarlos un poquito con la mano o la hoja de un cuchillo ancho, para que se reduzcan en altura y permitan una cocción adecuada.

Calentamos una nuez de mantequilla en una sartén con uno hilo de aceite, y doramos, o más bien “sellamos” por los dos lados (5 minutos por lado), luego ponemos los medallones en una placa de horno, agregamos dos vasos de vino blanco y dejamos cocinar unos 30 minutos girando los medallones cada cinco minutos para que se cuezan bien, tienen que quedar bien cocidos. Si el fondo de cocción se seca, añadir más vino o caldo.

En una cazuela, calentamos otra nuez de mantequilla, con un poco de aceite de oliva y doramos dos o tres chalotes sin que se quemen, nos sirven cristalizados, añadimos las zanahorias cortadas en finas rodajas y un pimiento verde cortado a listas o a cuadritos, a vuestro gusto, salpimentamos y revolvemos la verduras por unos 10 minutos sin que se quemen. Añadimos agua, orégano, tomillo, unos granos de pimienta negra y dejamos cocinar por otros 30 minutos o más, hasta que las zanahorias estén tiernas. Luego las vamos a pasar por una licuadora para crear la “cama” de zanahorias.

Si los medallones de filete no están listos, dejamos a parte el puré de zanahorias y lo calentamos con un poco de mantequilla antes de servir, luego disponemos el puré en el fondo del plato o bandeja, colocando encima los medallones de filete rociados con el fondo de cocción.

Ésto es todo amigos! :P

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